En 1882 el nuevo obispo de Vic J. Morgades recogió e hizo suya la proposición de crear un museo diocesano que le expresaba el emprendedor canónigo J. Collell. La iniciativa interpretaba el aire de los tiempos dentro de la Iglesia católica, que hallaba en la arqueología sagrada un medio para salvaguardar su patrimonio y afirmarse culturalmente, en tiempos convulsos. Con la suma de diferentes fondos el Museo Arqueológico Artístico Diocesano se inauguró oficialmente en el año 1891 y se convirtió pronto en uno de los principales museos del país. Entonces el panorama era reducido y de pobre calidad. Sólo existían los museos de antigüedades o de arqueología provinciales, la Biblioteca-Museo instituida por Víctor Balaguer en Vilanova i la Geltrú en 1884 y en Barcelona se habían creado el Museo Martorell de ciencias naturales en 1882 y el Museo de Bellas Artes en 1891.
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