El baldaquín de Tost, una obra excepcional
Una de las peculiaridades del baldaquín de Tost es la de haber conservado prácticamente todos los elementos constitutivos de un baldaquín-plafón (viga delantera, tabla central y crestería). Desgraciadamente durante la Guerra Civil se perdieron las dos vigas laterales, igualmente pintadas con sencillos motivos geométricos, que todavía se ven en las fotos realizadas por Adolf Mas el año 1921 de la instalación museográfica de mosén Gudiol.
Hay que señalar igualmente que la crestería actual pertenece a un momento posterior respecto al resto de los elementos. Esta afirmación está basada no sólo en un hecho estilístico, sino también en las diferentes técnicas empleadas, como se explicará en el ámbito final de esta exposición. Además, la viga presenta en la parte alta los restos de un encaje pensado para la crestería original.
El baldaquín primitivo se adaptaba perfectamente, como se verá en el siguiente ámbito, a las medidas del arco triunfal de la iglesia consagrada el año 1040. Probablemente fue realizado en iel primer tercio del siglo XIII, hacia el año 1220, ya que denota el impacto del llamado estilo 1200, de fuerte componente anglonormando en Cataluña (Liber Feudorum Maior), Aragón (Sixena) y Castilla (Arlanza).
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Esta adhesión a las corrientes internacionales se canalizaría a través de un taller local, situado probablemente en la Seu d’Urgell y en su obispado, que produciría también las tablas de Orós o el baldaquín de Tavèrnoles. No hay que descartar que la actividad del taller estuviera relacionada con una política de nueva decoración de los altares por parte del obispado de Urgell, como respuesta a las destrucciones y profanaciones sistemáticas del mobiliario litúrgico que se habían producido en esta zona entre 1195 y 1196 por parte del vizconde de Castellbò, los condes de Foix y los adeptos cátaros.
Ignoramos, sin embargo, por qué se produjo en poco tiempo, a mediados del siglo XIII, la sustitución de la crestería románica por una nueva. En ésta se representa la escena de la Santa Cena, siguiendo un modelo iconográfico muy parecido al de los frescos de la capilla de Santa Caterina de la Seu d’Urgell (MEV 9001) y en un estilo muy bizantinizante, cercano al llamado primer Maestro de Sant Pau de Casserres (Berguedà). Esta insistencia en el tema eucarístico parece conectar todavía con las luchas contra los albigenses emprendidas por el obispo d’Urgell, Ponç de Vilamur (1230-1257).
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